martes, 4 de septiembre de 2007

Fragmento de texto (2), La cosa (1)

Nuevo ejercicio: una situación (aka La cosa). Primera aproximación con fragmentos de textos y de películas.

Textos: el lunes que pasó llevé los siguientes:

1. Úrsula K. LeGuin: Los que abandonan Omelas.


En los cimientos de uno de los hermosos edificios públicos de Omelas, o quizá en en el sótano de una de las amplias moradas, hay un cuarto. Tiene una puerta cerrada con llave, y ninguna ventana. Un tajo de luz polvorienta se filtra entre las hendijas de la madera, después de atravesar una ventana cubierta de telarañas en alguna parte del sótano. En un rincón del cuarto hay un par de estropajos, duros, sucios, hediondos, junto a un balde oxidado. El suelo es mugre de los sótanos. El cuarto tiene tres metros de largo por dos de ancho: una mera alacena o galpón en desuso. En el cuarto está sentado un niño. También podría ser una niña. Aparenta seis años, pero tiene casi diez. Es débil mental. Tal vez lo es de nacimiento, o quizá lo imbecilizaron el miedo, la desnutrición y el descuido. Se escarba la nariz y de vez en cuando se palpa los pies o los genitales, mientras está acurrucado en el rincón más alejado del balde y los astropajos. Le parecen horribles. Cierra los ojos, pero sabe que los estropajos están todavía allí; y la puerta tiene llave; y la nunca viene nadie, exepto que a veces -el niño no comprende el tiempo ni los intervalos de tiempo-, a veces la puerta cruje horriblemente y se abre, y entra una persona, o varias personas. Una de ellas quizá se acerque y patee al niño para obligarlo a levantarse. Las otras nunca se acercan ysino que los observan con ojos aprensivos y asqueados. Le llenan apresuradamente el cuenco de comida y la jarra de agua, cierran la puerta, los ojos desapraecen. La gente de la puerta nunca dice nada, pero el niño, que no siempre ha vivido en ese cuartucho, y puede recordar la luz del sol y la voz de la madre, a vedes habla. "Me portaré bien", dice. "Por favor, qujiero salir. ¡Me portaré bien!" Nunca responde. Antes el niño pedía ayuda a gritos durante la noche, y lloraba mucho, pero ahora sólo emite una especie de quejido, "eh-haa, eh-haa", y cada vez habla menos. Es tan raquítico que no tiene pantorrillas; le sobresale el vientre; se alimenta de medio cuenco de cereal y grasa por día. Está desnudo. Las nalgas y los muslos son una masa de úlceras infectas, pues está continuamente sentado sobre sus propios excrementos.

2. Philip K. Dick: ¿Sueñan los andorides con ovejas eléctricas?

-Mi marido...-empezó la señora Klugman; pero en ese punto Isidore, que había terminado de afeitarse, entró a la habitación y apagó el televisor.

Un silencio que emanaba del suelo y de las paredes y parecía generado por una vasta usina lo golpeó con tremenda energía. Brotaba de la moqueta gris en jirones, de los utensilios total o parcialmente destrozados de la cocina, de las máquinas muertas que no habían funcionado en ningún momento desde que Isidore había llegado. Rezumbaba de la inútil lámpara de pie del cuarto de estar, combinándose con el que descendía, vacío y sin palabras, del cielo raso manchado por las moscas. En realidad, surgía de todos los objetos que tenía a la vista, como si él -el silencio- se propusiera reemplazar todos los objetos tangibles. Por eso no solamente afectaba sus oídos sino también sus ojos: mientras contemplaba el televisor inerte sentía el silencio como algo visible y, a su modo, vivo. ¡Vivo! Con frecuencia había percibido antes la severidad de su cercanía: cuando llegaba, irrumpía sin delicadeza, evidentemente incapaz de esperar. El silencio del mundo no podía refrenar su codicia. Y menos ahora, cuando ya casi había vencido.

Se preguntó entonces si las demás personas que se habían quedado experimentaban el vacío de la misma manera. O bien esto podría deberse a su peculiar identidad biológica, una degeneración determinada por su inepto aparato sensorial. Vivía solo en ese ruinoso edificio de mil apartamentos deshabitados que, como todos los demás, se derrumbaba de día en día en un deterioro entrópico creciente. Finalmente, todo lo que había en su interior se fundiría, sería idéntico e irreconocible, mero desecho amorfo, kippel apilado hasta el cielo raso de cada apartamento. y después el edifico mismo perdería su forma y quedaría sepultado bajo el polvo ubicuo. En ese momento él, naturalmente, estaría muerto. Éste era otro hecho que resultaba interesante de prever mientras permanecía en esa lamentable habitación, a solas con el silencio mundial que imperaba omnipresente y sin pulmones.


Y finalmente, una escena de Mi vecino Totoro



No sé bien porqué las elegí. En parte porque había que elegir algo, así que busqué lo que me gusta. Traté de recordar algo (con los libros) pero no pasó nada. Me puse a revisar lo que fue apareciendo. Los que abandonan Omelas lo había leído un amigo hace poco y me dijo que le había gustado mucho, pero yo no me acordaba nada. Me puse a leerlo nuevamente. No lo puedo explicar, pero tiene cosa. El de Dick creo que también, pero tampoco veo bien cómo explicarla. Para el caso, al menos en el de Dick se ve que el tipo apagó la tele y comenzó a sentir esa angustia y esa depresión, idea que dentro del libro cobra un rol más que relevante.

Y del fragmento de película puedo decir que lo elegí porque realmente me gusta mucho esa escena. De hecho, revisé toda una lista de películas y elegí esa escena. Para mí la situación es que Satsuki conoce a Totoro, que hasta entonces sólo lo conocía Mei. Pero además se revelan elementos ocultos de la naturaleza. Sí, esa revelación es para mí la situación, la forma en que la van construyendo (Mei camina sóla y ve las estatuillas, el agua que gotea, el sapo que sale, la noche que llega y la luz que se prende, un encapuchado en bicicleta, el tiempo que pasa lentamente, Mei que se duerme). Todo eso fue a clase. Los textos no los leí pero sí pasamos el fragmento de película. Y también hablamos mucho.

Por eso, desupés de clase creo que de los textos es más clara la situación de ¿Sueñan los andorides...? (Isidore apaga la tele), pero las imágenes que produce el texto de Úrsula y la intensa descripción creo que también, aunque no lo puedo explicar (algo notorio en el cuento es que se le habla al lector. Dice el párrafo anterior: "¿Lo creéis? ¿Aceptáis el festival, la ciudad, la alegría? ¿No? Pues entonces describiré algo más?". Tal vez esto ayude un poquito.).

Y con Mi vecino Tótoro creo que es un encadenamiento de situaciones (salteando algunas): Satsuki y Mei esperan a su padre, Satsuki conoce a Totoro, Satsuki le da un paraguas a Totoro, Satsuki y Mei ven el gato-bus, llega su padre. Lo elegí principalmente por la primera parte, pero no lo corté porque no pude diferenciar las demás (¡y porque las gotas en el paraguas es lo más!).

Finalmente, lo que me queda por decir es que hay situaciones que tienen cosa y situaciones que no la tienen. O que tienen más cosa que otra. Y las "interesantes" son las que tienen mucha cosa (pongo "interesantes" porque la idea de interesante mucho no me gusta, porque si algo puede alegrar o entristecer o producir alguna afección o algún cambio en quien lo mira es porque, para mí, es mucho más que interesante).

2 comentarios:

gabriel dijo...

Federico:

Que bueno que te interesen Le Guin y Phillip Dick!
Leíste algo de JG Ballard?

GV

Federico Roitberg dijo...

Sí, un par. Rascacielos y Furia Feroz. Rascacielos me gustó mucho.