domingo, 30 de agosto de 2009

Dos traducciones de La Muerte en Venecia

De Thomas Mann. No sé quién hizo cada traducción ni la edición ni nada (una fue prestada, la otra bajada de internet). El mismo párrafo, una dice así:

Enfundado en su abrigo, con un libro en el regazo, el viajero descansó sin advertir el paso de las horas. Como había parado de llover, retiraron el toldo de lona. El horizonte estaba totalmente despejado. Bajo la turbia bóveda del cielo se extendía en derredor el enrome y desierto disco del mar. Pero en el espacio vacío e inarticulado acabamos por perder también la noción del tiempo, y nos desvanecemos en una inmensidad crepuscular. Figuras sombríamente extrañas –el viejo petimetre, el tipo con barbas de chivo de la cabina- fueron desfilando con gesto impreciso y palabras confusas, de sueños, por el espíritu de Aschenbach, que se quedó dormido.

Y la otra:

Forrado en su abrigo, con un libro en el regazo, el viejo descansaba, mientras las horas transcurrían inadvertidamente. Había cesado de llover, se retiró la lona de la cubierta. El horizonte se había despejado enteramente. Bajo la cúpula del cielo se extendía en torno al barco el disco inmenso del mar. En el espacio, vacío, sin solución de continuidad, faltaba también la medida del tiempo y flotábase en lo infinito. A manera de extrañas visiones, el viejo repugnante, la barba afilada del taquillera, desfilaban con gestos indecisos y palabras de ensueño ante el espíritu del viajero, hasta que, al cabo, se durmió.

Es el párrafo que más me llama la atención, en particular en la primera traducción.

2 comentarios:

Matías Henkel dijo...

Ud. es muy lindo, siempre sonriendo.

cheperico dijo...

Muchas gracias señor, me siento muy halagado!

La verdad que no me reconcía como un chico sonriente.

Suerte con la transposición!